23 de abril ¿solo un día del libro?

Publicado en Opinión Martes, 23 Abril 2013 20:52

23 de abril, día del libro. Hay días para todo, es verdad. Hoy los libros salen a la calle. Pero tal vez no sean los libros que más nos interesan. Tal vez sean los que encontramos en cualquier periódico, en las noticias, en las grandes superficies...cultura determinada dirigida, tratada, como mera mercancía.

 

Acerquémonos a una librería de esas en las que las personas que trabajan en ella nos comentan espontáneamente qué novela les ha quitado horas de sueño, qué poeta han descubierto, qué libro ha salido de ese tema que saben te obsesiona. Lo bueno, además, es que eso lo podemos hacer cualquier día, cada día. Seguro que picamos.

 

Claro que si es 5 de febrero y te quedan 25 euros para el resto del mes porque la empresa para la que trabajas hace meses que no te paga (situación totalmente real escuchada a una trabajadora de una empresa de limpieza), un libro, cuyo precio suele rondar los 20 o 25 euros, gracias a la subida del IVA, supone algo más que un lujo.

 

Podemos pasar de propiedades: ¡menos mal que existen las bibliotecas!

 

Hay bibliotecas privadas. O había. En esta ciudad cerraron dos bibliotecas de una conocida entidad bancaria (Caja Duero), y la muy nombrada Fundación Germán Sánchez Ruipérez ha recortado servicios y, por supuesto, personal.

 

Nos quedan las bibliotecas públicas; esos servicios públicos, cada vez menos públicos y más recortados: menos fondos, menos actividades, menos personal...

 

¿El "lujo" es el libro como objeto o sencillamente leer, en cualquier formato?

 

Las entidades de gestión de derechos de autor presionan y preparan su caja con el nuevo Real Decreto para "regular la remuneración a los autores" por los préstamos de obras.

 

Autores. ¿Qué autores? ¿Los que no están presentes en las mesas de las librerías que salen a la calle el 23 de abril y que, tal vez, sí encontremos en un estante de esa librería de la que hablábamos antes, publicados en una pequeña editorial que apenas se mantiene a flote, fiel a sus principios? ¿O esos autores que firman contratos leoninos con grandes grupos editoriales que, además son grandes grupos de "comunicación", y que a veces recuerdan más a mercenarios que a "artistas"?

 

Escribir es un trabajo, dicen. Por supuesto. Pero el sistema es tan perverso que hemos confundido el trabajo y el empleo, y todo se ha convertido en mercancía, hasta la literatura.

 

Con los libros, con la lectura, se disfruta, se aprende, se piensa, se duda, se amplía horizontes. ¿Algo así conviene que esté al alcance de todo el mundo? Evidentemente, no. Toda dictadura persigue la cultura y toda mal llamada democracia pretende controlarla.

 

Así que no pasa nada si, dados los tiempos que corren, compramos un libro, lo regalamos, lo prestamos, lo liberamos... O vamos a una biblioteca y nos lo llevamos en préstamo sin más, que esa biblioteca la hemos construido entre todas y todos.

 

Disfrutemos con cada lectura y si, alguna no nos llena, abandonémosla, no nos sacrifiquemos, hay millones; seamos irreverentes y exigentes (también con nosotras mismas), que nadie nos diga qué tenemos que leer. Esforcémonos, recordemos cada libro, cada pasaje, como si fuésemos uno de esos personajes de Fahrenheit 451, aprendiéndose capítulos de libros que han sido destruidos...Quién sabe si, una vez más, la ciencia ficción es pura visión de futuro.

 

Hablemos, hablemos de los libros que leemos, para compartirlos, para verlos con otros ojos. Un torrente de palabras saldrá de nuestras bocas y ya no habrá sitio para la Neolengua.

 

Cuidemos los libros como tesoros, como V en su guarida.

 

Tal vez está llegando el día en el que, en un acto de rebeldía, de esos que ponen a los poderosos tan nerviosos aunque lo disimulen riéndose e insultándonos, tengamos que gritar, recordando a Lorca: "Quiero medio pan y un libro". Tal vez suceda un 23 de abril o tal vez cualquier otro.

 

Prepárate, los libros (también literatura) están llenos de pequeñas y grandes rebeliones, revoluciones y giros inesperados, como la Historia (con mayúscula) y las historias (las pequeñas, las cotidianas); y las lectoras y lectores somos cualquier "cosa" excepto objetos pasivos.

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